CRIPTOZOOLOGÍA

El folklore de todas las culturas del mundo está salpicado de relatos referentes a seres monstruosos o extraños, cuya existencia es afirmada ciegamente por algunos y rechazada sin apelación por otros tantos. Sin embargo, hay algunas de estas criaturas cuyo impacto es mucho más universal y eso los lleva a pertenecer a la cultura popular del planeta, ya sea por medio del cine, la literatura alternativa o la prensa sensacionalista, que los ubica ante la mirada de la opinión pública periódicamente. Sean reales o no, lo cierto es que nunca pasan sin llamar la atención del curioso o el indiferente.
Tal ha sido el interés por ellos, que hasta llegan a tener una ciencia que les “estudia” o intenta estudiar, si es que ello puede ser posible cuando no hay pruebas contundentes sobre su naturaleza, hábitos, biología, etc. En resumen, todo lo exigido por el método científico para acreditar que sí pertenecen al árbol biológico terrestre. La criptozoología (del griego: cryptos= oculto y zoos= animal) es aquel intento por asimilarlos al mundo de las entidades biológicas que están formalmente reconocidas dentro de la comunidad científica internacional. Si bien los criptozoólogos practican un tipo de investigación similar al de la zoología, el no haber demostrado que sus objetos de estudio posean entidad les aleja del mundo docto y serio, haciéndoles ver como un grupo de pseudo-científicos que siente gran pasión por buscar animales conocidos solamente en relatos folklóricos y tradiciones locales de diversas partes del mundo.
Entre estos animales hipotéticos o “críptidos”, tomados de la mitología o el folklore, sin duda sobresalen algunos cuya fama y difusión mediática casi los da por existentes. Es el caso de Pie Grande o Sasquatch, el cual sería una especie de primate cuyo hábitat se encontraría en la región noroeste del Pacífico de América del Norte. Estos individuos descritos vagamente por testigos circunstanciales, medirían sobre los 2 metros de estatura y su peso superaría los 150 kilos; cubiertos totalmente de vellosidad, cuyos tonos van desde el rojizo al negro, presentarían una morfología semejante a los gorilas africanos, aunque en el caso de estas criaturas serían totalmente bípedos. Desde filmaciones difusas hasta moldes de yeso sobre huellas frescas, mucha ha sido la evidencia presentada por quienes creen en que sí existe y sostienen la teoría de un remanente biológico, cuya población mayoritaria se extinguió durante el Pleistoceno, pero ha subsistido, con un muy reducido número de individuos, en zonas de bosque templado como la parte noroccidental de Estados Unidos.
Al otro lado del globo, en el área montañosa más alta de la tierra, un ser mitológico y folklórico al mismo tiempo, hace de los Himalaya su hogar y se arraiga firmemente en toda la tradición popular de los monstruos simiescos y solitarios; tan famoso como el  Sasquatch, el Yeti, o Abominable Hombre de las Nieves, es una figura común en los relatos tradicionales de Nepal y el Tibet. A diferencia del críptido norteamericano, a este supuesto simio gigante no descrito científicamente, se le ha dedicado mucho más atención y ha habido intentos sistemáticos, encabezados por científicos acreditados, para observar especímenes, pues los avistamientos serían mucho más frecuentes y mejor documentados que para el anterior. Expediciones de montañistas con destino al Annapurna, cumbre nepalí que pasa los 8000 metros de altura, afirman haberlo visto, pero biólogos y zoólogos insisten que un primate no podría vivir en bosques de altura y con vegetación principalmente conífera, pues deben alimentarse durante todo el año, lo cual es únicamente posible en regiones tropicales donde la fruta abunda en todas las estaciones. Igualmente aluden que tanto en el caso de Norteamérica como en el asiático, la presencia en todos los avistamientos de criaturas solitarias, aparentemente machos adultos, no es indicativa de que exista un grupo con la capacidad reproductiva para mantenerse en el tiempo. Aun así, en algunos monasterios budistas de esas montañas, los monjes aseguran poseer reliquias que serían restos del Yeti, y el arte local representa frecuentemente al ser que los lugareños conocen como el Mono Dorado.
Pasando a otra rama criptozoológica, el monstruo acuático por antonomasia es el del Lago Ness, llamado también Nessie, una criatura marina vista innumerables veces en Loch Ness (nombre dado al lago en dialecto escocés), localidad cercana a la ciudad de Inverness, Escocia. Es seguramente el misterio criptozoológico más difundido en el mundo y convergen en él una serie de elementos con los que se ha definido en muchos casos a esta disciplina informal paralela a la ciencia. Por ejemplo, el animal que debió extinguirse hace millones de años y ha sido visto en nuestra época. Con Nessie surgió la idea de un posible saurio marino superviviente a todos los eventos geológicos ocurridos desde la desaparición de los reptiles gigantes, hace 65 millones de años, y eso, entre otras cosas, significa haber soportado el impacto de un asteroide que acabó con la mitad de la vida en la tierra, cambios notables en la morfología de la corteza terrestre, incrementos y caídas en los niveles del oxígeno atmosférico; lo mismo ocurrió con las concentraciones de dióxido de carbono. Y si fuera poco lo anterior, soportó eras glaciales periódicas con aumentos y descensos significativos del nivel oceánico.
Aunque la biología, química y geología estén en contra de esta criatura calificada como serpiente marina o plesiosauro (reptil marino carnívoro del Cretácico), son muchísimos los testigos de sus apariciones en el lago escocés, cuyo turismo gira en torno a este críptido, que desde más de un siglo atrás ha venido sorprendiendo a quienes dicen haber tenido un encuentro visual con él. Ellos afirman que posee unas jorobas en su lomo escamoso, cuya cabeza es muy semejante a la de un cocodrilo, en el extremo de un largo cuello. Tal ha sido la publicidad generada por el monstruo, que existen hasta algunas fotografías fraudulentas donde aparece emergiendo de las aguas y desplazándose, como un animal acuático en propiedad, u otras, tomadas bajo el agua en ángulos difusos y sin la resolución requerida para identificarle correctamente. Sin embargo, es el único de los animales hipotéticos que recibió un nombre científico para identificarle: Nessiteras rhombopteryx, cuya traducción del latín es “el monstruo del lago Ness con aletas en forma de rombo”.
Como si algún entusiasta de las novelas de aventuras inglesas quisiera darle realidad a estos relatos tan descriptivos, en clave de “mundo perdido”, que fue un universo de ficción narrado magistralmente por Sir Arthur Conan Doyle, donde exploradores europeos llegan a un territorio detenido en el tiempo (inspirado en las mesetas de Roraima, Venezuela), en el cual habitan cavernícolas, dinosaurios y otros animales ya extintos, hay quienes afirman que en zonas fluviales y lacustres del corazón de África, República Popular del Congo y República Centroafricana, habita el llamado Mokèle-mbèmbé, un saurópodo, supuestamente sobreviviente a las eras geológicas del planeta. Éste, a diferencia del caso descrito en Escocia, sería un animal anfibio, pues las descripciones y relatos de los nativos lo sitúan en ríos y tierra firme. Por las condiciones geográficas de su supuesto hábitat, los registros gráficos y la información detallada acerca de su morfología son escasos, pero ello no ha impedido que se realizaran expediciones para dar con su ubicación. Muchas veces se le ha citado en el Lago Télé, en el Congo, donde según la crónica local, hace cincuenta años los Pigmeos, habitantes del lugar, capturaron y dieron muerte a uno de estos lagartos, al cual llaman “el que detiene las aguas”, esto por el tamaño de la bestia. Tal como ocurre con Nessie, los zoólogos, biólogos y geólogos, niegan categóricamente que un saurio gigante pudiera sobrevivir a todos los cambios radicales en la estructura continental del globo, así como a los colapsos climáticos que periódicamente presenta la tierra y que a la larga son factores de evolución biológica, haciendo desaparecer a ciertas especies para que otras predominen.
Sea cual fuere la naturaleza de estos animales no comprobados por la ciencia formal; si son delirio folklórico o cuento para asustar niños; confusión con otros seres conocidos, etc., no hay discusión acerca del interés y curiosidad que despiertan por lo elusivos o extraños que nos parecen, pero en ausencia de restos orgánicos, huesos, pruebas irrefutables de que existen (como ejemplares vivos) y material científico que los acredite como parte del reino animal, no pasarán de ser otro caso para estudio en el ámbito de los misterios populares.
Para Tejemedios: Profesor José Antonio Soto